A Europa llegan las primeras noticias del té a través de misioneros y personas que viajaban que contaban sobre las maravillas existentes en China y Japón. Sin embargo, es desde la cultura árabe que llegan las primeras noticias del té.
Siendo Portugal uno de los primeros países en abrir rutas comerciales navales hacia Oriente, fueron algunos de sus misioneros y marinos los que tuvieron contacto con el té y describieron sus propiedades y narraron la filosofía existente en Oriente alrededor del té. Sin embargo hasta el s. XVII, a través de los holandeses, no es que el té llega a Europa. Los holandeses por estas fechas se convirtieron en los dominadores del comercio entre Europa y Oriente, adquiriendo el monopolio de esta actividad.
El té era de un precio muy elevado, y únicamente era consumido en algunas cortes, en las casas de las grandes familias adineradas y en algunas casas de café de Londres. El té por aquel entonces era más valorado por su rareza que por su sabor. Inicialmente se extendió su uso como medicina, siendo las farmacias los primeros lugares donde se vendió las hojas de esta planta, y posteriormente empezó a hacerse uso del té como bebida estimulante para ser tomada en los desayunos. Sería a finales del siglo XVIII que se inició la costumbre de tomar el té por las tardes.